Mi nena me pone feliz, mi nena me pone contento, mi nena me hace un hombre especial después de ser gris por tanto tiempo. Mi nena se convierte en bailarina de algo que parece danza árabe, o tal vez sea ballet, no, es otra cosa pero yo de baile y arte no sé. Sólo sé que mi nena baila, y baila por encima de mí y a veces me hace bailar con ella, y entonces soy el niño de la película, soy el pequeño Billy Elliot y le bailo dentro; ella marca el ritmo y me dice cómo hacerlo, me dice siempre cómo hacer las cosas porque ella es una artista, y yo no sé de eso.
Mi nena canta bonito, canta despacito cuando nadie la está viendo y se concentra en algo que la hace parecer tiernamente desesperada, mi nena canta gracioso y canta fuerte cuando cree que nadie la escucha, y los ángeles se asoman a ver quién hace tanta bulla, y sonríen cuando ven que es mi nena la que cantaba, casi siempre desde la ducha. La nena canta y a veces lo hace cuando cree que estoy durmiendo, me canta canciones de cuna y acaricia mis hombros y me dice "Hasta mañana" con un beso; al otro día la miro con más amor aunque finjo que no la he escuchado y que yo no sé nada de eso.
Mi nena huele bonito; su cabello huele a flores y perfume caro, sus manos a frutas y cigarros, su ropa a madera y suavizante. Mi nena me embriaga cada noche con sus cabellos de cascada, la abrazo y es como un rayo de luz entre mis brazos, pero a la mañana siguiente no se desvanece; es un sol eterno que descongela este corazón que yacía como un iceberg a la deriva de algún mar en el que nadie quería nadar. Mi nena entibia mis aguas y se zambulle como un pez exótico, luego echa sus raíces como un coral de aguas dulces. Soy tan solo un hombre en su propia isla, y veo a mi nena nadar a las orillas donde yo de sólo verla me refresco y me siento feliz, y supongo que esto es a lo que uno puede llamar felicidad, aunque yo no sé nada de eso.
Y yo le pregunto a mi nena si está segura de pasar los días con un tipo como yo, y muy a propósito le confieso mis pecados y le digo mis maldades, le cuento mis secretos raros y las cosas que hubieran alejado a cualquier sirena de cualquier mar, por más lindo que el mar fuera; mi nena sólo sonríe y me llama tonto, me acaricia las mejillas y me dice que mejor me calle. Mi nena frustra al bastardo que desea con todas sus fuerzas que la sirena busque mejores aguas, porque vaya que amo a esa mujer, pero ella por cada defecto encuentra otra razón para quedarse. Alguna vez intenté entenderla y saber el misterio de todas las mujeres y lo que quieren con sólo entender a esta singular mujer, pero ella interrumpe cada misión en seco, con un beso, por eso hasta ahora sé lo mismo de las mujeres que sabía ayer, y sé que no es mi fuerte porque de entenderlas y amarlas no supe nunca mucho, y de ella menos, simplemente no sé nada de eso.
Le digo entonces, con un sentimiento culpable de egoísmo, que no me deje nunca, que se quede a verme hundirme si es que eso desea, y aunque no lo deseara, que se quede a pretender que aún me ama. Le digo y le imploro, a veces entre lágrimas, que no se vaya y se lleve todo esto, porque, ¿qué habrá para un tipo como yo si no hay una mujer como ella? Nos encontramos como el marinero persiguiendo a la estrella, como el borracho persiguiendo el final de la botella, como el poeta persiguiendo la idea de una poesía perfecta; nunca llega, pero el sólo saber que está aquí hoy, aunque el probable mañana con su ausencia me llene de horror, me hace sentir el naufrago más afortunado del mundo, ¿cada cuándo te ama así una sirena?
Son cosas en las que pienso cada que siento su amor cuando se recuesta en mí y se pone a escuchar los latidos de mi corazón, y ahí, con su torso desnudo rozando mis costillas y sus mejillas aprisionadas entre mi mano derecha y mi pecho, pienso: "Esto es amor", ahora sé lo que es y cómo se siente, porque yo antes no sabía nada de eso.
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| Art by Pascal Campion. |

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