Es difícil dejar de ser lo que la costumbre te ha orillado a ser por años. Lo que es cómodo para el cuerpo, y para la mente liviano. Ser lo mejor de lo peor, lo bueno de ser malo, lo que hay, lo que se puede. Malos hábitos. Fumar por deber y no por placer, evitando gente y quedarse todo el día en casa a ver la lluvia caer. «Deberías venir, va a estar padre», dicen y saben que igual no irás, entonces se rinden contigo, se cansan de rogar.
MCMXCIII | No escribo para él; escribo por su culpa. | El Punk Rock Arruinó mi vida.
lunes, 12 de septiembre de 2016
martes, 6 de septiembre de 2016
Hilos rojos.
Pudiste enamorarte de cualquiera,
de la que usa vestidos y faldas,
la que muestra su escote igual que su espalda,
la que sonríe y saluda,
la que baila y ríe,
la que escucha la música de la radio
y lee revistas como biblias con consejos
para lucir bien en el verano.
Pudiste enamorarte de la que te hace daño,
la que ya te ha dejado,
la que te volvería a dejar sin pensarlo y que,
aunque estuviera contigo,
sentirías en carne aquello de que es mejor estar solo
que mal acompañado.
de la que usa vestidos y faldas,
la que muestra su escote igual que su espalda,
la que sonríe y saluda,
la que baila y ríe,
la que escucha la música de la radio
y lee revistas como biblias con consejos
para lucir bien en el verano.
Pudiste enamorarte de la que te hace daño,
la que ya te ha dejado,
la que te volvería a dejar sin pensarlo y que,
aunque estuviera contigo,
sentirías en carne aquello de que es mejor estar solo
que mal acompañado.
sábado, 27 de agosto de 2016
Opia.
Estaré
cuando nadie más esté,
cuando el mundo te diga
que todo va mal,
yo seré quien te diga
que todo va a salir bien.
cuando nadie más esté,
cuando el mundo te diga
que todo va mal,
yo seré quien te diga
que todo va a salir bien.
jueves, 18 de agosto de 2016
Oye, flaco.
No te quiero perder, ni perder esto, ni perder lo que soy contigo. No quiero preguntarme un día si estarás bien y no tener la facilidad de siquiera mandarte un mensaje para preguntarte y hablar aunque sea cinco minutos. No quiero imaginarte con alguien más, aunque tampoco quiero imaginarte solo. No quiero que esto no se cumpla ni sentir que eché todo este amor primerizo a un vacío infinito donde seguro permanecerá dando vueltas hasta que el universo regrese a ser sólo un punto de energía en el infértil vientre de lo eterno. No quiero extrañarte toda la vida, ni buscarte en cada pobre hombre que quiera entrar en mí a reparar lo que está roto. No quiero comparar a nadie y pensar: «Pero no tiene sus ojos de gato, ni sus labios seda, ni esa voz que me cala y esa sonrisa que quema», no quiero ir destruyendo todo a mi alrededor como un huracán con el corazón roto que quisiera pedir a gritos que regreses pero que lo único que hace es quedarse hasta las 5 de la mañana viendo tu foto.
jueves, 21 de julio de 2016
Nos faltó.
Te faltó verme, te faltó verme de buenas, cuando no soy lo que parezco, cuando sonrío por lapsos prolongados de tiempo, cuando hubieras deseado verme así en un ciclo eterno.
Te faltó verme cantando por toda la casa, tarareando las mismas melodías de siempre, te faltó que te cantara hasta dormir, te faltó sentir que mi voz resonaba sólo por ti.
Te faltó sentir los pinchazos de mis uñas en tu espalda, te faltó que dibujara en tu pecho garabatos y cursis palabras, te faltó verme a los ojos mientras me follabas.
Te faltó tomar café frío conmigo, fumar más que de costumbre; yo te platicaría de mis versos y tú me contarías de tus libros mientras le das a mis cigarrillos lumbre, te faltó que discutiéramos por ver quién era más querido, te faltó besarnos hasta quedarnos dormidos.
Te faltó verme cantando por toda la casa, tarareando las mismas melodías de siempre, te faltó que te cantara hasta dormir, te faltó sentir que mi voz resonaba sólo por ti.
Te faltó sentir los pinchazos de mis uñas en tu espalda, te faltó que dibujara en tu pecho garabatos y cursis palabras, te faltó verme a los ojos mientras me follabas.
Te faltó tomar café frío conmigo, fumar más que de costumbre; yo te platicaría de mis versos y tú me contarías de tus libros mientras le das a mis cigarrillos lumbre, te faltó que discutiéramos por ver quién era más querido, te faltó besarnos hasta quedarnos dormidos.
martes, 12 de julio de 2016
¿Qué es lo peor que podría pasar?
Corazón, perdón. Te he puesto en esa cajita un buen rato, pensando que sanabas, que descansabas, que dormías. Corazón, perdón. No sabía que cantabas esos boleros desde dentro, que leías de a ratos a Bukowski, a Sartre, a Poe. No sabía que te aburriste, que desde allí mandabas a mi cabeza a hacer cosas, que las señales llegaban incorrectas, que todo lo he malinterpretado. No sabía que te hacía daño al oír su voz dormilona y rasposa, ni que te seguía lastimando desde fuera al creer palabras de extraños.
jueves, 23 de junio de 2016
Hubiera.
Me hubiera gustado retenerlo un ratito más, decirle la lista de razones –que ya tenía en la mente– de por qué no debía irse, de por qué debía conformarse conmigo, aunque sea unos días, unas semanas. Me hubiera gustado decirle: «Sí, te quiero, y sí, te querré siempre», pero en lugar de eso me quedé callada cuando me lo preguntó, me hubiera gustado haberle tomado la mano y ponerla en mi pecho, para que sintiera a mi corazón saltando de un lado al otro dentro de la cajita que lo envuelve. Hubiera gastado mis últimos momentos con él en cosas que nos hicieran ver, a él, que lo quiero, y a mí, que lo necesito.
jueves, 31 de marzo de 2016
Toc-toc.
Mis dedos me obligan a escribir esto,
Yo no quería; ellos me trajeron
Y empezaron a palpar el teclado
Como locos,
Desenfrenados,
Como teniendo un propio cerebro
Que tiene un nombre enterrado
Entre un lóbulo y el otro,
Entre la memoria y los sueños.
lunes, 28 de marzo de 2016
Ya me voy a portar bien.
Alguna vez, una amiga me dijo que prefería juntarse con hombres porque nosotros, a diferencia de las mujeres, no perdemos el «niño de la mirada», luego me explicó que eso significaba que, según ella, los hombres siempre reflejamos a un niño interior, el niño que fuimos algún día y que aún vive en uno. No supe si creerle del todo, al final yo veo a un cabrón en frente de mí y es sólo eso, un cabrón; un cabrón mamado, o con barba, o mal encarado, o alto, o con cara de lacra. No puedo, por más que intento, encontrar niños en ningún güey, y para ser honesto, tampoco en las damas veo niñas tiernas saliéndoles de la mirada; o todos son cabrones o simples viejas, y yo necesito conocer a una persona para saber si son algo más que un cúmulo de células y átomos en forma de carne y huesos.
miércoles, 16 de marzo de 2016
Indolencia.
Con la flojera que me da la vida, es difícil saber cuándo estoy realmente triste. Hace casi tres meses que no hablamos, lo último que me dijo por WhatsApp fue algo así como «Ojalá te mueras. Eres un pendeja». Increíblemente no es lo peor que me haya dicho un ex, pero es de lo que más me ha dolido. Afuera no parece que algo sea realmente diferente; sigo siendo una idiota con mis amigos, quienes también son un poco idiotas; hablamos de la escuela, de lo mal que nos va a todos en ella, de que ya valimos verga en casi todas las materias, de que hace falta quemar, de que hay que echar las caguamas. Nos sentamos en el jardín feo de alguien, en un parque abandonado por Dios, en la banqueta de los incomprendidos; nos la pasamos bien antes de que cada quien tenga que regresar a casa, a su otra realidad en donde no todo es tan chido y valer madres no es tan gracioso.
miércoles, 3 de febrero de 2016
Transmisor.
Se
intensifica
El
sentimiento urgente,
Recurrente,
emergente
De pararme
a las tres y media
En medio de
la madrugada,
En medio de
mi insomnio,
Para
escribir lo que pasa,
O por qué
no pasa nada
En los ojos
que no caen
Ante ese
demonio
Del desvelo
y el agobio,
El de las
ojeras y el dolor de cabeza,
Las mañanas
prontas
Y las
despedidas cortas.
sábado, 2 de enero de 2016
Costumbres.
Ella era
una costumbre, como lo es casi todo en mi vida. Tengo varias manías y
costumbres, entre ellas la manía de hacer de algo una costumbre; tener
costumbres es una costumbre. Costumbre. Wikipedia dice que significa «[…] hábito
o tendencia adquirido por la práctica frecuente de un acto.» Ella era una
costumbre.
jueves, 3 de diciembre de 2015
Pequeñas Historias. V | El finísimo arte de valer verga.
Los desvelados sabemos exactamente a qué hora la madrugada se pone fría y el ambiente se torna tenso. Se eleva algún tipo de energía en donde los suicidas y los locos se desatan. Los desvelados viciosos sabemos que esa es la mejor hora para encender un cigarrillo.
Es esa hora de la madrugada. Enciendo el cigarrillo; es el penúltimo de la cajetilla. Volteo el único cigarrillo que queda, porque "es el de la suerte". «Yo y mis creencias pendejas», digo en voz alta con el cigarrillo aprisionado entre mis labios; saco el encendedor plateado de mi bolsillo y enciendo a mi amigo.
martes, 24 de noviembre de 2015
Pequeñas Historias. IV | 3:27 A.M.
La vi y
supe que era la chica atrapada en el Hotel California,
y sé que lo
es porque también está un poco muerta;
es un
poco fantasma y un poco poeta,
y se
refugia en bares oscuros en noches como esta.
Después de
unos tragos ya era yo uno más,
en la fila
de chicos a los que llama "amigos" me fui a formar,
amigos a
los que puede comerse a besos,
amigos de los que nunca se enamorará.
jueves, 12 de noviembre de 2015
Mis sueños pasean en globo.
El otro día atiborré de hierba a mis pulmones. La habitación era un campo de flores muertas entre la niebla de lo imposible. No importaba si no podía ver más allá de un metro en mi propia casa. No importaba porque no quería ver; quería sentir.
Siempre tuve la sensación de que iba a acabar mal, que alguna cosa increíble iba a inundar mi vida y, eventualmente, me iba a ahogar en problemas y muerte. Esa cosa que pasó fuiste tú. Y tú lo sabías, pero no hacías consciencia de ello realmente.
domingo, 8 de noviembre de 2015
Barquitos de papel.
La semana pasada volvió a preguntarme lo que me había preguntado ya muchas veces. Me lo había preguntado cuando estaba aquí, cuando era mi vecino y lo veía diario. También me lo había preguntado cuando las cosas no parecían ir muy bien y nos habíamos distanciado. Me lo preguntó también la primera vez que intentamos sobrellevar algo bueno a la distancia.
«¿Qué somos?» Nunca supe bien qué decirle. "Novios" siempre parecía la respuesta más acertada. Pero no, no éramos novios. Ahora tal vez tampoco lo seamos. Nos conocemos demasiado en distintas formas, conocemos nuestra evolución a través de la vida y conocemos también los porqués y las historias detrás de cada trauma. jueves, 15 de octubre de 2015
Pequeñas Historias. III | Cuando dormías en mis piernas...
En mis brazos siempre era lirio blanco; florecita hermosa que se me desvanecía del cansancio, a veces cansancio del día, a veces cansancio de la vida. Y así, desvanecido, a punto de dormir en mis piernas, yo le dibujaba garabatos en la piel con la punta de mis uñas; él se estremecía. Le gustaba que pasara mis garritas por su cuerpo blanco y suave, que dibujara carreteras entre sus lunares y puentes entre sus pecas.
viernes, 9 de octubre de 2015
Pequeñas Historias. II | Fumando de su cabello.
El día que la veo es un día diferente; desde la noche anterior lo ansío y lo planeo, aunque generalmente terminamos haciendo lo que ella quiera, lo que a ella se le dé.
Me arreglo mucho más que de costumbre a pesar de que ella me conoce los sábados en short viendo fútbol y comiendo chatarra, y también me conoce los domingos de resaca en donde parezco más muerto que vivo y apesto a cantina en quincena.
Me perfumo todo, como si no ella ya conociera mi olor después de entrenar, o después de aquellos 3 días en que renuncié a la ducha porque hacía un frío perro y no había gas en casa.
Me conoce bien, la conozco bien, pero cuando nos vemos parece la primera cita con un desconocido. Al menos de mí a ella, y es que hay que impresionarla siempre.
Me arreglo mucho más que de costumbre a pesar de que ella me conoce los sábados en short viendo fútbol y comiendo chatarra, y también me conoce los domingos de resaca en donde parezco más muerto que vivo y apesto a cantina en quincena.
Me perfumo todo, como si no ella ya conociera mi olor después de entrenar, o después de aquellos 3 días en que renuncié a la ducha porque hacía un frío perro y no había gas en casa.
Me conoce bien, la conozco bien, pero cuando nos vemos parece la primera cita con un desconocido. Al menos de mí a ella, y es que hay que impresionarla siempre.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
Pequeñas Historias. I | Bruno.
La primera vez que lo vi, él era apenas un niño; más grande que yo pero niño al fin. Aunque algunos de sus rasgos ya eran de hombre, como la mandíbula que se le encuadraba y perfilaba para ser el lugar que, tiempo después, hospedaría muchos de mis besos. Yo no le hablaba entonces; una mezcla de pena y miedo me invadían cada que él me miraba desde lejos hablando con su hermana. Su hermana era el pretexto perfecto para estar cerca de él un rato, aunque a veces él simplemente se iba y se encerraba en su cuarto. "Déjalo, es un mamón", me decía su hermana, Vannia, "siempre está de amargado", finalizaba siempre.
Yo no lo veía amargado; yo lo veía taciturno, serio, pulcro, con cosas en la mente que no podía sacar con gente como Vannia, con quien sólo compartía la familia, el apellido, la casa y la sangre; de ahí en fuera eran dos desconocidos hablando idiomas diferentes.
jueves, 17 de septiembre de 2015
El Punk-rock arruinó mi vida.
No había vivido ni siete años de mi vida cuando ya la estaba cagando. Y no hablo de cagar una situación en particular, hablo de cagar mi vida entera. Las cosas se pusieron difíciles para mí desde esas fechas.
Y no, no pasé hambre ni frío, ni esta es una historia de la típica ‘Anita, la huerfanita’. Tampoco fui abusada física o sexualmente (aunque hay recuerdos borrosos de un tío, algo sospechoso, pero no, ni al caso). Esta es la leve y tonta historia de la niña que pensaba demasiado.
Sí, amigos, pensar en demasía también te chinga la vida.
martes, 28 de abril de 2015
Copretérito.
Lo recuerdo como atrapado en un relato de Bukowski, o atrapado en un instante, de la mano de la cámara de Cartier-Bresson. Tal vez él me recuerde igual, si es que lo hace. Tal vez siempre fuimos así; simples momentillos que se iban encontrando una y otra vez, algunas veces esos momentos se encontraban a sí mismos, otras veces colisionaban entre sí. Y en su momento, vaya que creímos que ser eternos, y los segundos se dividían en mil mini-retratos que hablaban al unísono, como haciendo la bulla de fondo para un beso, para un abrazo, para el café de la mañana o la despedida de los sábados por la tarde.
jueves, 26 de febrero de 2015
Números primos.
Supe que lo quería allí, en medio de una fiesta, en medio del humo azulino de cigarrillos y botellas de alcohol. En medio de la gente que hablaba de estupideces como de quién había cogido con quién en el baño y quién se había metido una línea de coca en el jardín. En medio de la música y la algarabía de gente que no sabe por qué vive o para qué, allí lo supe. Lo supe porque entre todo el ruido y la, aunque mala, abundante compañía, pensaba en él. Pensaba en qué estaría haciendo ese sábado por la noche. Pensaba en que tal vez estaría en su casa haciendo tareas o, tal vez, descansando de una pesada semana en la universidad.
Pensaba en que tal vez estaba recostado en su cama, escuchando música con los audífonos colgándole de los oídos, o tal vez estaba mirando Los Simpson, riendo levemente con esos labios delgados que le forman dos leves comillas al sonreír. Pensaba en él como preocupada, interesada en saber qué hacía, sólo por saber y nada más.
Pensaba en que tal vez estaba recostado en su cama, escuchando música con los audífonos colgándole de los oídos, o tal vez estaba mirando Los Simpson, riendo levemente con esos labios delgados que le forman dos leves comillas al sonreír. Pensaba en él como preocupada, interesada en saber qué hacía, sólo por saber y nada más.
viernes, 13 de febrero de 2015
Cuarenta y tres atardeceres.
El tiempo pasó y su perfume caro se difuminó por completo del suéter con el que ella durmió por última vez. La almohada ya también ha perdido el olor de su shampoo y ese otro olor dulce que parecía siempre tener pegado en la piel. Yo aún no pierdo la costumbre de mirar a su lado de la cama todas las noches, ni he dejado de abrazar su almohada, como si quisiera encontrarla a ella de nuevo. No pude con su realidad, pero ahora la mía tampoco me cuadra.
viernes, 30 de enero de 2015
Querer.
«No lo hago muy bien; enséñame a querer», me dijo la primera vez que la besé, la primera vez que acepté, casi con temor, que también la quería. Yo tampoco sabía querer, ni sabía por qué me daba tanto miedo intentarlo con ella. Tal vez porque ella no era como las demás; ella no había llegado a mí por nadie más, ella llegó a mí por mí, porque me quería a mí en todo momento, porque yo bien sé que lo deseó por mucho tiempo, pero ella no tenía el valor ni yo la certeza de nada.
Un día, sin más, ella tuvo la determinación de cerrar un ciclo conmigo, para saber qué rumbo tomar; yo decidí, al mismo tiempo, que no tendría miedo de esto y, una vez que ella, en sus ojos, me confirmó que me quería, yo simplemente le robé un beso.
Un día, sin más, ella tuvo la determinación de cerrar un ciclo conmigo, para saber qué rumbo tomar; yo decidí, al mismo tiempo, que no tendría miedo de esto y, una vez que ella, en sus ojos, me confirmó que me quería, yo simplemente le robé un beso.
lunes, 29 de diciembre de 2014
Materia oscura.
No es sólo todo aquello que físicamente me puede volver loca, pues eso no pasaría con cualquier otro hombre, aunque por fuera fuesen iguales.
No es sólo la manera en que me mira, como con un dejo misterioso de inocencia y picardía mezcladas.
No es sólo esa sonrisita coqueta que pone cada que sabe de antemano mis respuestas, las cuales suelen ser siempre a su favor.
No es sólo la forma en que su cabello chino y alborotado cae en sus hombros, o cómo éste esconde sus orejas o sus ojos.
No es sólo la manera en que me mira, como con un dejo misterioso de inocencia y picardía mezcladas.
No es sólo esa sonrisita coqueta que pone cada que sabe de antemano mis respuestas, las cuales suelen ser siempre a su favor.
No es sólo la forma en que su cabello chino y alborotado cae en sus hombros, o cómo éste esconde sus orejas o sus ojos.
martes, 16 de diciembre de 2014
Cansado, muy cansado...
Estás cansado, muy, muy cansado. Avientas todo, y junto con ello, te echas a un lado. Te preguntas si vale la pena, y qué es la pena, y qué es lo que vale. ¿Qué estás haciendo? No sabes. No sabes de qué estás cansado, sólo sabes que lo estás. Y te pesan los hombros, y te pesan los párpados, y los ojos se te cierran ante la menor provocación, pero no de sueño; es otra vez ese maldito cansancio.
domingo, 21 de septiembre de 2014
Demián.
Con regularidad, Demián se encontraba a sí mismo pensando en la nada mientras tomaba como desayuno un par de cigarrillos, un café cargado y un sorbo de vodka o whisky. A veces eran tantas las cenizas y colillas que se acumulaban en el cenicero, que incluso lo asustaban; se imaginaba cómo se veían sus pulmones por dentro y cuánto daño le estaba haciendo el vicio, incluso pensaba en abandonar el cigarrillo. Sus pobres intentos por dejar de fumar se desaparecían en cuestión de un par de días, cuando su cuerpo le pedía nicotina para soportar de una manera más llevadera la monotonía de la vida.
domingo, 7 de septiembre de 2014
Sí, acepto.
"Con los años uno se vuelve más serio", me dijo mi abuelo mientras sostenía cerca de sus labios un habano con olor a madera y exhalaba una bocanada de humo; me contestaba la pregunta de: "Abuelo, ¿por qué casi no sonríes?", que le hice a mis escasos 6 años. En ese entonces no entendí ni siquiera lo que la palabra "serio" significaba, pero hoy entiendo todo.
Entiendo los largos silencios que ocultaba tras danzones, boleros y música clásica. Entiendo por qué miraba al horizonte como queriendo perderse con la ilusión que éste representaba. Entiendo sus pocas palabras y su temple de acero, sus manos recias y sus ojos nublados y serenos. Lo entiendo todo.
domingo, 20 de julio de 2014
Nocturna.
Despierto, son las 3:33 de la mañana. Me despierto al sentir su mirada pesada, esa que sólo sus ojos que han llorado de desgracia podrían tener. La pesadez de sus ojos clavados en mí me obligan a mirarla y así ella puede sentir que existe al ver mis ojos clavados en ella a la vez.
Está sentada a la orilla de la cama, con la mirada en mí, pero vacía; sin siquiera el ánimo de hablarme. Entonces supongo que es de esos días a los que llamo “malos”, en donde la tristeza es tal, que tomará varios minutos para que el silencio se rompa.
Está sentada a la orilla de la cama, con la mirada en mí, pero vacía; sin siquiera el ánimo de hablarme. Entonces supongo que es de esos días a los que llamo “malos”, en donde la tristeza es tal, que tomará varios minutos para que el silencio se rompa.
viernes, 4 de julio de 2014
Inmortal.
Su mamá se alegró bastante de verme ahí parada en la puerta. “¡Estás empapada, niña!”, me dijo en cuanto me vio y procedió a darme un fuerte abrazo y un beso. “Ya sabe, las lluvias de julio”, le contesté en cuanto me soltó.
–Hace mucho que no venías, Eri, nos tenías preocupados –me dijo mientras nos sentábamos en el sofá y me arrimaba un café frío-. Ya sé que te gusta así –me dijo refiriéndose al café.
–Oh, sí. Nunca he podido soportar el café caliente. Pues, no sabía si era buena idea venir, ya sabe…
Hubo un silencio incómodo por unos segundos.
–Pero ya estás aquí, y eso es lo importante –se le entrecortó la voz–, a Dani le va a dar mucho gusto. Él… él no está bien, ¿sabes?, pero verte será algo positivo, al menos en sus últimos días –se puso a llorar calladamente. Las lágrimas caían en su taza de café.
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